letras&pensamientos / voluntariado

Guerra, sonrisas y despedida

12 años de guerra, y en su rostro colgaba una gigantesca sonrisa y con su mirada, se iluminaban las betas del banco en el que nos encontrábamos.
En este punto geográfico del capitalismo urbano y desmesurado, dejamos pasar rostros que podrían cambiarnos en un plis plas, todo el curso de una vida. En el metro, en la puerta de cualquier negocio extraordinario por alzar los euros como pelotas encestadas, me he topado con tanta gente de color pidiendo dinero o al menos, algo que cayese en sus manos, que en ocasiones los cambios recibidos del pago de mi compra en caja, se lo entregaba a estas personas. Personas con “jornadas laborales” donde el reloj no alcanza el recuento de sus horas realizadas, con sus “oficinas” instaladas en cualquier puerta de dichos establecimientos, donde maldita sea me encontrase consumiendo.

Esta vez ha sido diferente. Acabo de vivir en mi propio pueblo, una lección de humildad, compañerismo y admiración sin haber subido a ningún avión. Sus ojos negros y labios africanos definían su procedencia y espacio natal, afortunado por contar siempre con un plato de comida en su hogar. Con total sinceridad narraba su situación; jóven chico de color oscuro alejado de su endeudado continente y apartado de su familia, procedente de un país de la costa oeste de África donde la guerra sigue vigente desde hace mas de 12 años. Descendiente de familias opuestas por creer en religiones contrarias,  y sin embargo, y como caso absolutamente excepcional, viven en paz bajo el mismo techo de un hogar. Fuera de este techo se apuñalan entre vecinos, hijos de los vecinos, y bandos de las guerrillas.
Las diferencias religiosas y el fanatismo han creado un país enfrentado donde hay niños que sólo han vivido bajo un régimen de conflictos, discordia y armas. Tierras ricas y empobrecidas.

Le presté mis oídos según nos dejamos caer en el banco. Hasta 2 horas después que me encontraba entumecida por el frescor de la noche, y agarrotada por sus palabras. Pero orgullosa de haberme citado con el chico de color,  ya forma parte de mi vida.
Hoy me ha quedado claro que haber tomado la decisión de trasladarme como voluntaria a uno de los países mas pobres del mundo, ha sido una decisión obviamente solidaria pero con cierta repercusión para el resto de mi vida.
En 3 soles y 2 lunas mis manos rastrillarán la tierra, mis ojos variarán de órbita y mis palabras serán las menos sabias. VIM (Volunteer in Makaibari) será el presente y el futuro de mis próximos pasos, destino donde danzarán mis pies sin meta definida.

Con un petate, 2 balones de fútbol para los niños de la plantación y un lapicero con goma de borrar incorporada (para borrar los momentos difíciles que se presenten, sabio regalo de despedida del chico de color), me traslado a remotos destinos, en cuerpo y alma. Mi sueño ha comenzado a abandonar la almohada para formar parte de la realidad.

Gracias por estar ahí y compartir tu tiempo con este medio de comunicación del que me siento orgullosa porque al otro lado, estáis vosotros. Espero seguir usando el lapicero con frecuencia y en pocas ocasiones, su goma de borrar.

Plasmaré próximas letras&pensamientos, según la tecnología me permita engancharme a este medio.
Namasté amigos!
Nos vemos pronto. Patricia

 

4 Comments

  1. Nunca se sabe donde uno puede encontrar una historia que con solo escucharla aprendes más que estudiando entre millones de libros. La experiencia vivida es la única que te hace aprender.

  2. Como me gusta como cuentas las cosas 🙂
    Seguro que estás disfrutando muchísimo..Buena suerte!! Un besin desde Asturias
    Virginia

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