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pura vida

Hot, very hot!!!

Atardecer sobre el lago Phewa, Pokhara (Nepal)

 La temporada del monzon se huele y se siente.  Ya caen gotas de sudoracion por mi rosada piel. No haber untado mi cuerpo de crema peleona del sol, conlleva el aplastante regalo de no pegar ojo en toda la noche por las quemaduras ocasionadas, ademas de estar acompañada de dos mosquitos montándoselo por todo lo grande en mi tiempo de descanso.
Los días comienzan con el estruendo canto del gallo en la mañana. Las noches se elevan con los sonidos de la jungla de Pokhara.  Mango y banana decoran mi plato en los desayunos, y son fenomenos para visitar el retrete con una frecuencia amigable. Las calles son un constante sube y baja. El asfalto está salpicado de lunares ocasionando pequeñas heridas en mis sandalias

Nina nepali cogiendo moras silvestres
Nina nepali cogiendo moras silvestres

En Pokhara, ciudad “caribeña” del sureste de Nepal, hay tantas razas como idiomas, degustaciones de comidas: “made in no se sabe donde”, pelos de colores, y ropas muy muy ligeras que en un concierto de Rita Marley. Las mujeres nepalís, muy tradicionales en sus atuendos, empiezan a decorar sus cuerpos con tatuajes, marcan sus caderas con jeans y montan en moto con chanclas de goma. El hombre ha desistido de su gorro tradicional nepalí, para colgarse unas cuantas rastas africanas. Les enrolla tirarse a una blanca, y hablar inglés con acento adaptado a su interlocutor.

Nepal es uno de los países mas pobre del mundo. No por falta de arroz y verduras en sus platos, sino porque el Gobierno está formado por los altos directivos de la mafia nepalí. Desde hace unos años los maoistas diseñan y rigen las leyes según el carácter con el que se despiertan. El pueblo se forma por personas de rostros humildes, que al cabo del día te han regalado 35 sonrisas y 67 namastes.

Retrato a lapiz de Swotantra Adhikari Retrato a lapiz de Swotantra Adhikari

Como persona amante de los viajes y engatusada por la antropologia, cuando me traslado a un país me atrae convivir con las personas locales. En ocasiones, convivo en un bar compartiendo un té negro con algún lugareño, y en otras, comparto mis sentimientos según me mire el oyente. También comparto los kilomentros a recorrer según destino en el que caigo. Viajar con una persona local, es indudablemente un dulce regalo. Ves aquello que los ojos de un europeo no puede admirar por llegar a estar prohibido. Me traslado como paquete en una moto con pañuelo esquivando el viento. Las paradas de descanso, las hacemos en  locales aromatizados por las costumbres gastronómicas.
Cuando pisé la India, el ruido y el polvo fueron los primeros elementos interiorizados. En Nepal, la amabilidad y la belleza de los nativos, me cautivaron en mi primera inhalación.
En Pokhara no hay parques infantiles. Las calles embarradas, árboles frutales, lagos pacíficos y rios embravecidos, tienen sentido para toda vida humana o animal que desee sentirlos. Está prohibido entrar con calzado en los templos, y libre hacer el amor bajo un banano.
La alimentación es básica y colosalmente exquisita. Monsanto aquí no tiene poder alguno. No hay objeto y alimento manipulado, mas que los vehículos transformadas en perchas motorizadas.
Los psicólogos urbanitas del primer mundo, dedicados a paralizar el estres de los muchos millones de humanos drogados por el ritmo cardiaco de las ciudades europeas, engrosarían el número de desempleados en este pais. La paciencia nace con el parto: Entras a un restaurante, buscas silla donde acoplarte, decide menú y aférrate a un buen libro o un bello interlocutor, porque el tiempo de espera supera la duración del atasco diario para atravesar la autopista M-30 de Madrid.

Flor de loto en el lago Phewa (Pokhara)Flor de loto en el lago Phewa (Pokhara)

No se si Pokhara esta dentro de la jungla, o la jungla es Pokhara. Es tal la cantidad de vegetación y multiplicidad de fauna, que vivir en este extremo del globo terraqueo, te convierte en un ser mas similar al animal que al llamado, humano. Sentir la libertad del paisaje en cada movimiento del viento. Mascar sonrisas en toda caminata. Oler las alegrias de los rostros locales. Respirar partículas de felicidad estallando en lágrimas sosegadas.

Vista panoramica del lago PhewaVista panoramica del lago Phewa

Sin duda alguna, si la madre tierra es acariciada, nos ofrecera su manto para proteger nuestros sueños. Pisar la avaricia con palmadas de ternura. Exiliar la envidia barriéndola con sacos de generosidad. Besemos las nubes para engordar las lluvias.
Aun queda en mi mochila una braga limpia, pulseras, galletas y cierta nostalgia, aun sin haberme marchado de esta mágica circunstancia. ¿Sentiré el momento de partir de Pokhara?

namaste&chocolate

3 Comments

  1. Leyendo tu blog,me parece que la que está viajando soy yo.Que bueno que la gente tenga esa sonrisa y alegria,cosa que aqui solo ves caras tristes,prisas….

    1. La alegría se almacena en nuestros cuerpos, después de cada sonrisa recibida. No olvides sonreír un poquito todos los días. Alimentarás tu camino con semillas de felicidad.
      Gracias por dedicar tu tiempo leyendo mis letras.

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